¿Qué valor tiene el agua en Panamá?

El agua y la seguridad hídrica se han convertido en temas primordiales de la agenda internacional del siglo XXI. Como generador de vida y pilar fundamental del desarrollo socioeconómico, el agua es ahora un tema de seguridad nacional para muchos países. Prueba de ello es la inclusión de “la disponibilidad de agua y el saneamiento para todos” como el sexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Organización de las Naciones Unidas. El tema no es para menos, ya que para el año 2050 se espera que al menos un 25% de la población mundial viva en un país afectado por escasez crónica y reiterada de agua dulce (tal es el caso de Ciudad del Cabo y su “día cero”, en el que por primera vez una ciudad de ese tamaño podría quedarse sin agua).

Conscientes de la importancia de los recursos hídricos, los gobiernos de varios países han emprendido una serie de medidas con el objetivo de salvaguardar sus reservas de agua y volverse más resilientes ante una futura escasez. En ese sentido, la resiliencia hídrica se ha vuelto una prioridad en América Latina y el Caribe, ya que la región contiene más de un tercio de las reservas de agua dulce del planeta, es decir, un 300% más que el promedio mundial. Sin embargo, a pesar de dicha riqueza hídrica, existe poca conciencia de la importancia y el valor de los recursos ácueos, o del impacto que tienen sobre ellos el desarrollo urbano y el cambio climático. Y Panamá no es la excepción.

Dada la posición geoestratégica de Panamá, el papel que su patrimonio hidrológico ha jugado en la consolidación de su economía (Canal de Panamá) y su vulnerabilidad ante posibles inundaciones, ha llevado a la ciudad a realizar una serie de acciones con el objetivo de replantear su relación con el agua. Sobre esa línea, Panamá diseñó y puso en marcha el Plan Nacional de Seguridad Hídrica 2015–2050 “Agua para Todos”, el cual funciona como una hoja de ruta con metas muy específicas en temas relacionados con acceso al agua, saneamiento, crecimiento socioeconómico inclusivo, riesgos hídricos, cuencas hidrográficas y sostenibilidad hídrica.

Es precisamente dentro de esta nueva configuración que la Ciudad de Panamá surge como un referente en la aplicación de los nuevos mecanismos de administración hídrica. Y es que para cualquier ciudad asentada en una zona de cuencas, el uso y aprovechamiento eficiente del agua es fundamental para su supervivencia.

La Ciudad de Panamá se ubica en una zona de convergencia intertropical con altos niveles de precipitación que, aunado a los efectos del cambio climático y la diversificación de ecosistemas de humedales, colocan al recurso hídrico como fuente fundamental de desarrollo económico. En este sentido, uno de los temas principales para la ciudad es la conservación de los Humedales de la Bahía de Panamá (HBP), compuestos principalmente por manglares y fangales, los cuales recorren 139 km hacia el sudeste, desde la ciudad de Panamá y hasta el límite con la provincia de Darién.

Los beneficios que esta extensión proporciona a los panameños son varios, desde la absorción del carbono en una tasa anual mayor que la que ofrecen los bosques, o como refugio de peces y camarones para la actividad pesquera. De hecho, si estos beneficios se traducen en ganancias económicas, éstas ascienden a 33.4 millones de dólares por año. A nivel regional son pocos los ecosistemas que brindan tantos beneficios a su población, y que a su vez cuenten con un valor cultural, económico y social tan grande.

Sin embargo, los humedales enfrentan grandes amenazas para su conservación, como el cambio climático que provoca aumento del nivel del mar, regímenes hidrológicos cambiantes, y una mayor acidez oceánica. Asimismo, la flora y fauna de esta zona corren riesgos que derivan de la contaminación de las vías fluviales y la conversión de los humedales para otros fines. De igual forma, la sobreexplotación de especies como el camarón blanco y concha negra pone en peligro la conservación del lugar. Para resarcir estos riesgos y amenazas, la participación de la sociedad civil, en colaboración con las entidades de gobierno y la iniciativa privada, es fundamental.

En ese sentido, en la Oficina de Resiliencia de Panamá, apoyada por la organización 100 Ciudades Resilientes, nos hemos dado a la tarea de desarrollar una Estrategia de Resiliencia (la primera en el país) que articule dichos esfuerzos para mejorar, no sólo el uso que se le da a los humedales, sino a todos los recursos hídricos de Panamá. A través de una serie de estudios, buenas prácticas, programas y recomendaciones de políticas públicas, esta Estrategia buscará impulsar un mayor entendimiento del ciclo del agua entre la población panameña, consolidándose como una hoja de ruta que abonará al aumento de la resiliencia hídrica en Panamá y, en última instancia del país.

Este jueves 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua. Más que una celebración, esta fecha debe ser un recordatorio para crear conciencia sobre el uso eficiente de los recursos hídricos (y por lo tanto, de todas las industrias interconectadas al agua), fundamental no sólo para aumentar la resiliencia de las ciudades en el mundo, sino para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Sólo a través del establecimiento de una estrategia de resiliencia hídrica a largo plazo es que las ciudades y países podrán aprovechar efectivamente las grandes reservas de agua con las que cuentan.